Al final, no nos acordaremos tanto de las palabras de nuestros enemigos, sino de los silencios de nuestros amigos.
El pasado 15 de Junio mis amigas y yo nos fuimos a Madrid para celebrar el fin de la peor etapa de nuestras vidas, el Bachillerato y la temida Selectividad. Decidimos quedarnos una semana (demasiado para mi gusto), y explorar la capital. Unas pueblerinas como nosotras se nos hacía un mundo estar en la gran ciudad, pero como todo en la vida, nos acostumbramos y nos las apañamos muy bien. Nos hospedamos en un apartamento, en la perpendicular de Gran Vía. Nos sorprendió el precio que tenía en relación a las fotos colgadas en
Booking. Qué ignorantes nosotras. Las paredes manchadas, las sillas rotas, la nevera que se caía a cachos, el suelo roto, vasos sucios al llegar, la corredera de la ducha que no se cerraba, un horno que no funcionaba, las camas rotas... Un desastre. Además llegamos a Madrid cuando estaba la ola de calor y por suerte, el aire acondicionado funcionaba. Parecía todo un desastre, pero las risas que nos hemos sacado fue la mejor parte del viaje.
Visitamos museos, dimos vueltas, salimos de fiesta (entramos gratis en una discoteca y fue increíble la experiencia, nos lo pasamos super bien), muchas compras, mucha fritanga, fuimos al Parque Warner; y si sois como yo, que odiáis las alturas, las vueltas, volteretas…''una experiencia muy agradable''.
Pero no todo es paraíso y color de rosas, perdí mi cartera donde llevaba ni más ni menos que 250 euros. Por suerte no llevaba ni el DNI, ni el pasaporte. Por suerte la chica de la tienda del H&M, que fue super maja, me la guardó y me ayudó a recuperarla. A una de nosotras le intentaron robar dos veces en la mochila que llevaba. A mi me intentaron timar una señora que estaba en la calle ''leyéndome el futuro'' cuando le pedí educadamente que no lo hiciera, que no me interesaba.